la depresión también sonríe
muchas personas solemos pensar que un individuo con depresión sea este hombre o comúnmente una mujer pueden reflejar un estado sombrío o de tristeza permanentes pero resulta no ser así del todo pues el hecho de sonreír , vivir momentos alegres no aleja a estas personas de tener pensamientos suicida
estas personas pueden sentirse afectadas por lo que popularmente se conoce como "la depresión sonriente ", aunque el término clínico preciso se llama depresión atípica.
resulta muy complicado identificar a quien padezca esta enfermedad pues quien la padece sabe enmascarar su estado de animo detrás de falsos estados de felicidad, también estas personas pueden tener todo lo que podríamos pensar que no le debe de hacer falta a alguien para ser y sentirse felices en esta vida como trabajo, una casa, amigos y e incluso pareja e hijos.
Pero hay algunos síntomas que pueden ayudarnos a detectar cuando alguien, o nosotros mismos, estamos deprimidos, pese a que podamos dar muestras de felicidad en momentos puntuales.
SINTOMAS
- - Sentir una mejora temporal en el estado de ánimo en respuesta a buenas noticias o momentos positivos como recibir el mensaje de un amigo o recibir la felicitación de un jefe o jefa, pero después volver a sentirse decaído.
- - Aumento del apetito y aumento de peso.
- - Dormir demasiadas horas y aún así seguir sintiendo sueño durante el día (con otros tipos de depresión generalmente se duerme menos).
- - Sensación de cansancio y pesadez en brazos y piernas durante distintos intervalos de tiempo en un día.
- - Especial susceptibilidad a la crítica y el rechazo que puede acabar por afectar las relaciones personales y laboral
La dificultad de percibir que una persona que, en apariencia se encuentra bien, en realidad está deprimida hace a este tipo de depresión más peligrosa que otras, asegura Remes en su artículo. Pero hay otros factores que agravan esta tipología, recalca la experta.
Las personas con depresión sonriente son capaces, en la mayoría de los casos, de continuar con sus actividades diarias, pero es la misma fuerza que les puede empujar a cometer sus pensamientos suicidas.
Por un lado, el afectado tarda mucho más en buscar apoyo al no reconocer la enfermedad. Por otro, las personas que tienden a padecerla suelen tener personalidades con problemas para reconocer las emociones, así que trabajar desde un punto psicológico con ellas es mucho más complicado.
Y lo peor, la capacidad de las personas con esta depresión de continuar realizando también sus actividades cotidianas puede ser contraproducente. Remes es muy clara en su artículo:
"La fuerza que tienen para continuar con su vida diaria puede hacer que sean especialmente vulnerables para llevar a cabo planes de suicidio. Esto contrasta con otras formas de depresión, en las cuales las personas pueden tener ideas suicidas, pero no suficiente energía para actuar en base a sus intenciones".


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